Contando una versión libre del cuento del chileno Jorge Díaz, en la "Maratón del Cuento y la Lectura" en la ciudad de Milano, Italia, año 2007.
sábado 23 de mayo de 2009
Carlos Genovese cuenta: "El Codo"
sábado 16 de mayo de 2009
DEL CUENTO ORAL COLECTIVO A LA LECTURA INDIVIDUAL

Esta es una ponencia hecha el año pasado (Nov. 2008) en un Seminario Internacional sobre cuentos y lectura organizado por el Centro Lector de Osorno-Chile.
Me explico: en mi casa mis padres tenían una pequeñísima biblioteca, es decir un pequeño estante de madera con no más de veinte o veinticinco libros en él. Cuando aprendí a leer solía hojear aquellos libros que no eran libros infantiles (la industria editorial infantil no estaba muy desarrollada en nuestro país en aquellos años de 1956 ó 1957). Se trataba de ensayos históricos o filosóficos que prefería mi padre y novelas que leía mi madre. Textos voluminosos, con demasiadas palabras para mis cortos años, que inhibían mis primeros impulsos lectores. Sin embargo hubo uno que tomé en mis manos un día y mi madre, cuando me vio con él, me advirtió categórica: - Ese no, ese no es para niños - -¿Y cuándo lo puedo leer? – pregunté intrigado. – Cuando seas grande – me respondió. Yo, a esa edad, ya sospechaba que todo o casi todo lo que prohibían los padres de uno en materia lectora tenía que ver son el sexo, algo que sabía que existía, pero que no tenía tan claro de qué se trataba exactamente y sobre todo para qué servía. (Los niños de entonces éramos mucho más ingenuos que los de ahora, lo que no quiere decir que fuéramos estúpidos). Como ustedes comprenderán, a partir de ese momento ese libro se convirtió en una obsesión para mí, era el símil del Fruto Prohibido, claro que yo no lo sabía porque aún no leía la Biblia. Y lo leí igual. A hurtadillas, a ratos, a saltos, cuando estaba sólo, a la hora que fuera. El libro era un clásico, como ven no estaba tan mal encaminado, claro que tampoco conocía el concepto. Se trataba de: “El Decamerón”, de Giovanni Boccaccio, otro italiano, pero del siglo XIV. (Me doy cuenta ahora que los escritores italianos han sido fundamentales en mis inicios literarios). Leí fascinado, casi en trance, ese centenar de cuentos desvergonzados, a ratos obscenos, de alto contenido erótico, algunos sexualmente explícitos, anticlericales, divertidos, sarcásticos, brutales y satíricos de todas las clases sociales del renacimiento europeo. Cuando terminé de leerlo, con mis escasos nueve ó diez años, reflexioné: - Sí todos los libros son como este, yo quiero leerlo todos.- Y comencé entonces una carrera de lector omnívoro que no termina todavía.
Desde entonces han pasado quince años y no he parado de contar historias. Seguramente ya intuía, en 1993, que estábamos entrando en una sociedad de “oralidad secundaria y predominantemente audiovisual” como la actual. Donde la palabra ha quedado relegada a un segundo plano y dónde cada vez se lee menos. Según las últimas encuestas de lectura puedo decir que estamos, en Chile, en una situación muy parecida a la del siglo XVII en España, al momento, por ejemplo, de la publicación del Quijote. En ese tiempo, el 80% de la población española era analfabeta y por lo mismo no leía. En el Chile actual, el 60% de la población no lee ni un solo libro en el año; un 20% lee algunos diarios y revistas y tan solo leen libros el 20% restante. Es decir, el mismo 20% alfabetizado de la España del año 1600.
Por otra parte, al interior de nuestras familias cada vez se dialoga menos; las conversaciones se quedan muchas veces entrampadas en el campo de lo rutinario y lo funcional. Se da poca importancia al hecho de hablar, de “contar” como me fue, como me sentí, que vi, que descubrí, que soñé, que imaginé. En los hogares para poder hablar hay que competir con el televisor, el computador, con el CD, con el DVD, con el celular y con infinidad de artefactos y pantallas diversas con las cuales nuestros seres queridos se deleitan en una comunicación muchas veces mediocre y manipuladora. Si no se habla bien y en profundidad se pierde aceleradamente la capacidad de escuchar, de concentrarse, de dialogar, de conversar y de contar, y eso es, sin lugar a dudas, una merma del pensamiento individual y colectivo que por consecuencia acarrea el hábito de la no-lectura como un resultado casi natural y lógico de este empobrecimiento intelectual generalizado. La oralidad es, en este caso, una tabla de salvación del lenguaje. Aparte de una herramienta expresiva y comunicativa que enriquece el aprender y facilita la integración y pertenencia grupal, aspectos claves en el proceso de aprendizaje. Para un niño y también un joven la palabra oída posee una fuerza extraordinaria.
Hace varios años atrás, después de contar durante casi una hora para el público de la Feria del Libro de Puerto Montt, se me acercó un joven de aproximadamente 18 años: alto, pálido, pelo muy largo, vestido de negro con un look que podríamos llamar: “gótico sombrío”. Se paró delante de mí y mirándome fijo a los ojos me dijo en forma casi intimidatoria: - Yo nunca he leído un libro. En mi casa me retan por eso, pero no me gusta. Lo estuve escuchando y voy a leer el suyo, lo compré…- Y exhibió ante mis ojos el ejemplar de un pequeño libro de relatos orales para niños mayores de nueve años que yo escribiera y que se vendía en esa Feria. Le agradecí el gesto sin saber del todo por el tono particular con que me habló, por su mirada y el aspecto del muchacho si se trataba de un elogio, de una amenaza o de una advertencia por si el libro no era de su agrado. Lo que sí comprendí, fue que los relatos escuchados lo habían llevado a tomar esta decisión trascendental: leer a los 18 años, por gusto y determinación propia, el primer libro de su vida.
Años después, contando al aire libre, para unos 150 alumnos, en un patio interior de la Universidad de Los Andes, en la ciudad de Bogotá, en Colombia, se puso a llover con cierta intensidad. Estábamos en medio de una tierna y sorprendente historia de amor, del escritor chileno Jorge Díaz, donde un niño de ocho años se enamora perdidamente de una muchacha de veinte que resulta ser una sirena. Mi intención manifiesta fue retirarme dando por terminado el cuento. Ante eso, una alumna que escuchaba se adelanta y me dice, o más bien me grita con cierta desesperación: - ¡Nooo…! – y me alcanza un paraguas. Durante los cinco minutos restantes del cuento bajo una lluvia, por entonces, torrencial, terminé de contar, mientras los 150 espectadores, todos jóvenes universitarios, permanecían incólumes de pié, mojándose a la intemperie, para saber como terminaba aquella historia de amor imposible que los había, literalmente, atrapado bajo la lluvia. Acabé el relato y todos escaparon raudos para guarecerse, yo incluido y con el agua hasta los tobillos.
El poder de la palabra es algo que no terminamos de valorar y apreciar en toda su magnitud. Un cuento narrado a viva voz incorpora vivencialmente a las personas que escuchan, cualquiera sea su edad, a una cultura que les pertenece, permitiendo que las imágenes sugeridas se construyan y se multipliquen activamente en la imaginación de los oyentes, a su vez receptores y recreadores que posibilitan el despliegue simbólico de la palabra con todos sus significados. Una persona así estimulada estará mucho más cerca del paso siguiente: su aproximación al libro y a la lectura individual que otra desconectada de su propio imaginario personal y colectivo. Cada vez que un cuentacuentos narra en un establecimiento educacional aumentan las visitas de los alumnos de todos los niveles a la biblioteca. Y si el narrador recomienda o narra parte de algún libro y lo explicita, los jóvenes van por ese libro, con mayor afluencia todavía, movidos por la curiosidad o el interés despertado por la narración. Alguna vez conté en una charla en un colegio, respondiendo una pregunta de los alumnos sobre mis primeras lecturas, mi experiencia infantil con el “Decamerón” de Boccaccio. Decenas de alumnos quisieron leerlo al día siguiente, me contó la bibliotecaria un tiempo después. Desgraciadamente es un texto que no se encuentra habitualmente en las bibliotecas escolares y menos para alumnos de Educación Básica, como era en este caso. Pareciera que todavía pesan sobre él la censura y las penas de excomunión que lo pusieran durante siglos en el Index de los libros prohibidos por el Vaticano. Afortunadamente, si bien todavía hoy existen prohibiciones y restricciones, en Chile y otros países del mundo, sobre lo que se puede escribir y publicar, no hay manera de censurar lo que se puede contar con palabras que aparentemente se lleva el aire, pero que pueden calar muy hondo en nuestra mente y nuestra alma. Ya sea en círculos amplios e informados como este que nos convoca, por ejemplo, o en uno más reducido y acaso clandestino, si fuera necesario para que la palabra hablada haga su trabajo de siempre: compartir la confianza, abrir las puertas del corazón para transmitir la identidad, la memoria histórica y cultural de los pueblos, para preparar a los hombres y mujeres, a los niños y las niñas para la vida, para la lectura y abrir un ancho camino de libertad y humanidad en nuestro asolado planeta donde tanto necesitamos de las palabras y los textos que nos unan en un mundo mejor. Un mundo de palabras que cuenten y nos cuenten a todos. Palabras que vayan de mano en mano, en el caso de un libro, y de boca en boca en el caso de una narración oral, pero que en ambos casos sean palabras plenas que se reinventen, que se recreen cada vez que alguien las cuente, como estructuras del pensamiento humano divergente y flexible y así avancen liberadoras, época tras época, sin detenerse jamás, porque una historia que se detiene es una historia que comienza a morir.
A CONTINUACIÓN EL NARRADOR, CARLOS GENOVESE, EJEMPLIFICA CON TRES RELATOS DIFERENTES (UNO BIOGRÁFICO, UN MITO ANCESTRAL LATINOAMERICANO Y UNA HISTORIA URBANA ACTUAL) ,
La primera experiencia importante y significativa de mi vida, relacionada con los textos escritos y la lectura, está profundamente vinculada con la oralidad. Tendría yo seis o siete años, cuando en largas tardes de invierno mi madre nos leía, a mi hermano menor y a mí, capítulos completos del libro “Corazón”, del escritor italiano Edmundo de Amicis. Lo hacíamos acostados los tres en la cama matrimonial de mis padres, cubiertos por una frazada de lana, seguramente para paliar la mala calefacción de las casas de la zona central de Chile. En medio de ese calorcito hogareño y maternal la voz también cálida de mi madre, emergía prodigiosa contándonos las tristes y melodramáticas historias de un grupo de desheredados italianos en las postrimerías del siglo XIX en Europa, pero que yo sentía mucho más próximos que mis vecinos del barrio sur de Santiago, donde vivía. En ese tiempo no existía la televisión en el país y los niños lo único que podíamos hacer, afortunadamente, era imaginar. Yo, que recién aprendía las primeras letras, no había leído aún “La aventura de oír”, de la filóloga argentina-española Ana Pelegrín, ni las memorias de Federico García Lorca, y por lo mismo no sabía que: “la literatura oral (que debemos comenzar a llamar oralitura, como lo hace el poeta mapuche Elicura Chihuailaf) es una forma básica, un modo literario esencial en la vida de un niño, porque en ella la palabra está impregnada de afectividad”.Y es totalmente cierto: el calor del cuerpo de mi madre en la cama, con un hijo a cada lado, leyéndonos, la expresión de sus ojos, sus pausas, sus tonos de voz hacían moverse a todos los personajes de la historia y yo sentía, igual que Lorca cuando su abuela le contaba un cuento, que el relato salía, no del libro, propiamente, sino de todo el cuerpo, de la piel de mi mamá.
Más tarde, entre los ocho y los once años, la literatura llegó a mí, de nuevo, a través de los oídos, esta vez, gracias al radioteatro. Recuerdo largos y gratos crepúsculos escuchando atentísimo y tembloroso de emoción: “El gran radioteatro de la historia”, programa dónde, a través de varios meses, se transmitía la versión radioteatralizada de la novela “Adiós al Séptimo de Línea”, del escritor nacional Jorge Inostroza. Una versión de la Guerra del Pacífico transformada en una gesta de aventuras sorprendentes. Después fueron las historias de suspenso y terror de: “El siniestro Doctor Mortis”, que ponía en el aire cuentos de diversos autores, entre ellos uno de mis favoritos: Edgar Allan Poe. Y también recuerdo las “Tardes de Cine”, dónde conocidos actores de la plaza dramatizaban para el público radial las películas más exitosas del momento, a las que no toda la población tenía acceso; el país era mucho más pobre que ahora y la entrada al cine era un lujo para algunos. De esa manera imaginé mi propia versión de novelas, cuentos, películas y sucesos históricos sin haberlos leído, visto o vivido y sin haber tomado un libro de esos autores en mis manos. Sin embargo, el germen de la ficción ya se incubaba en mi interior. ¿Y cómo fue que pasé de la oralidad pura al texto escrito? Fue gracias a la censura familiar y a cierta dosis de precocidad sexual infantil.
Me explico: en mi casa mis padres tenían una pequeñísima biblioteca, es decir un pequeño estante de madera con no más de veinte o veinticinco libros en él. Cuando aprendí a leer solía hojear aquellos libros que no eran libros infantiles (la industria editorial infantil no estaba muy desarrollada en nuestro país en aquellos años de 1956 ó 1957). Se trataba de ensayos históricos o filosóficos que prefería mi padre y novelas que leía mi madre. Textos voluminosos, con demasiadas palabras para mis cortos años, que inhibían mis primeros impulsos lectores. Sin embargo hubo uno que tomé en mis manos un día y mi madre, cuando me vio con él, me advirtió categórica: - Ese no, ese no es para niños - -¿Y cuándo lo puedo leer? – pregunté intrigado. – Cuando seas grande – me respondió. Yo, a esa edad, ya sospechaba que todo o casi todo lo que prohibían los padres de uno en materia lectora tenía que ver son el sexo, algo que sabía que existía, pero que no tenía tan claro de qué se trataba exactamente y sobre todo para qué servía. (Los niños de entonces éramos mucho más ingenuos que los de ahora, lo que no quiere decir que fuéramos estúpidos). Como ustedes comprenderán, a partir de ese momento ese libro se convirtió en una obsesión para mí, era el símil del Fruto Prohibido, claro que yo no lo sabía porque aún no leía la Biblia. Y lo leí igual. A hurtadillas, a ratos, a saltos, cuando estaba sólo, a la hora que fuera. El libro era un clásico, como ven no estaba tan mal encaminado, claro que tampoco conocía el concepto. Se trataba de: “El Decamerón”, de Giovanni Boccaccio, otro italiano, pero del siglo XIV. (Me doy cuenta ahora que los escritores italianos han sido fundamentales en mis inicios literarios). Leí fascinado, casi en trance, ese centenar de cuentos desvergonzados, a ratos obscenos, de alto contenido erótico, algunos sexualmente explícitos, anticlericales, divertidos, sarcásticos, brutales y satíricos de todas las clases sociales del renacimiento europeo. Cuando terminé de leerlo, con mis escasos nueve ó diez años, reflexioné: - Sí todos los libros son como este, yo quiero leerlo todos.- Y comencé entonces una carrera de lector omnívoro que no termina todavía. En lo profesional, mi amor por los libros, la lectura y las historias me llevaron hasta el teatro. He sido actor, director y escritor de obras dramáticas, que son textos que suman a la palabra hablada la acción escénica, pero donde la oralidad es preponderante, por cuanto los actores deben “decir” los textos escritos y estos deben sonar como tales, es decir, hablados y no literarios. Llevaba ya casi 25 años de trayectoria artística en este campo cuando por azar redescubrí el relato oral en su forma primigenia, libre de todo aparataje escénico, simplemente el narrador, su voz, sus gestos y su historia para contar. Fue en España, en 1992, en el puerto de Cádiz, cuando vi por primera vez a un reducido grupo de cuentacuentos o narradores orales contando sus historias en una pequeña sala, al alero de un festival internacional de teatro al que yo asistía con mi grupo de entonces, el teatro ICTUS de Santiago. El impacto fue tan profundo que quise aprender aquel arte de inmediato. Hicimos algunas gestiones y al año siguiente vino a Chile el primer narrador profesional, un venezolano, Rubén Martínez, quien dictó el primer taller de Narración Oral contemporánea en nuestro país.
Desde entonces han pasado quince años y no he parado de contar historias. Seguramente ya intuía, en 1993, que estábamos entrando en una sociedad de “oralidad secundaria y predominantemente audiovisual” como la actual. Donde la palabra ha quedado relegada a un segundo plano y dónde cada vez se lee menos. Según las últimas encuestas de lectura puedo decir que estamos, en Chile, en una situación muy parecida a la del siglo XVII en España, al momento, por ejemplo, de la publicación del Quijote. En ese tiempo, el 80% de la población española era analfabeta y por lo mismo no leía. En el Chile actual, el 60% de la población no lee ni un solo libro en el año; un 20% lee algunos diarios y revistas y tan solo leen libros el 20% restante. Es decir, el mismo 20% alfabetizado de la España del año 1600.Por otra parte, al interior de nuestras familias cada vez se dialoga menos; las conversaciones se quedan muchas veces entrampadas en el campo de lo rutinario y lo funcional. Se da poca importancia al hecho de hablar, de “contar” como me fue, como me sentí, que vi, que descubrí, que soñé, que imaginé. En los hogares para poder hablar hay que competir con el televisor, el computador, con el CD, con el DVD, con el celular y con infinidad de artefactos y pantallas diversas con las cuales nuestros seres queridos se deleitan en una comunicación muchas veces mediocre y manipuladora. Si no se habla bien y en profundidad se pierde aceleradamente la capacidad de escuchar, de concentrarse, de dialogar, de conversar y de contar, y eso es, sin lugar a dudas, una merma del pensamiento individual y colectivo que por consecuencia acarrea el hábito de la no-lectura como un resultado casi natural y lógico de este empobrecimiento intelectual generalizado. La oralidad es, en este caso, una tabla de salvación del lenguaje. Aparte de una herramienta expresiva y comunicativa que enriquece el aprender y facilita la integración y pertenencia grupal, aspectos claves en el proceso de aprendizaje. Para un niño y también un joven la palabra oída posee una fuerza extraordinaria.
Hace varios años atrás, después de contar durante casi una hora para el público de la Feria del Libro de Puerto Montt, se me acercó un joven de aproximadamente 18 años: alto, pálido, pelo muy largo, vestido de negro con un look que podríamos llamar: “gótico sombrío”. Se paró delante de mí y mirándome fijo a los ojos me dijo en forma casi intimidatoria: - Yo nunca he leído un libro. En mi casa me retan por eso, pero no me gusta. Lo estuve escuchando y voy a leer el suyo, lo compré…- Y exhibió ante mis ojos el ejemplar de un pequeño libro de relatos orales para niños mayores de nueve años que yo escribiera y que se vendía en esa Feria. Le agradecí el gesto sin saber del todo por el tono particular con que me habló, por su mirada y el aspecto del muchacho si se trataba de un elogio, de una amenaza o de una advertencia por si el libro no era de su agrado. Lo que sí comprendí, fue que los relatos escuchados lo habían llevado a tomar esta decisión trascendental: leer a los 18 años, por gusto y determinación propia, el primer libro de su vida.
Años después, contando al aire libre, para unos 150 alumnos, en un patio interior de la Universidad de Los Andes, en la ciudad de Bogotá, en Colombia, se puso a llover con cierta intensidad. Estábamos en medio de una tierna y sorprendente historia de amor, del escritor chileno Jorge Díaz, donde un niño de ocho años se enamora perdidamente de una muchacha de veinte que resulta ser una sirena. Mi intención manifiesta fue retirarme dando por terminado el cuento. Ante eso, una alumna que escuchaba se adelanta y me dice, o más bien me grita con cierta desesperación: - ¡Nooo…! – y me alcanza un paraguas. Durante los cinco minutos restantes del cuento bajo una lluvia, por entonces, torrencial, terminé de contar, mientras los 150 espectadores, todos jóvenes universitarios, permanecían incólumes de pié, mojándose a la intemperie, para saber como terminaba aquella historia de amor imposible que los había, literalmente, atrapado bajo la lluvia. Acabé el relato y todos escaparon raudos para guarecerse, yo incluido y con el agua hasta los tobillos.
El poder de la palabra es algo que no terminamos de valorar y apreciar en toda su magnitud. Un cuento narrado a viva voz incorpora vivencialmente a las personas que escuchan, cualquiera sea su edad, a una cultura que les pertenece, permitiendo que las imágenes sugeridas se construyan y se multipliquen activamente en la imaginación de los oyentes, a su vez receptores y recreadores que posibilitan el despliegue simbólico de la palabra con todos sus significados. Una persona así estimulada estará mucho más cerca del paso siguiente: su aproximación al libro y a la lectura individual que otra desconectada de su propio imaginario personal y colectivo. Cada vez que un cuentacuentos narra en un establecimiento educacional aumentan las visitas de los alumnos de todos los niveles a la biblioteca. Y si el narrador recomienda o narra parte de algún libro y lo explicita, los jóvenes van por ese libro, con mayor afluencia todavía, movidos por la curiosidad o el interés despertado por la narración. Alguna vez conté en una charla en un colegio, respondiendo una pregunta de los alumnos sobre mis primeras lecturas, mi experiencia infantil con el “Decamerón” de Boccaccio. Decenas de alumnos quisieron leerlo al día siguiente, me contó la bibliotecaria un tiempo después. Desgraciadamente es un texto que no se encuentra habitualmente en las bibliotecas escolares y menos para alumnos de Educación Básica, como era en este caso. Pareciera que todavía pesan sobre él la censura y las penas de excomunión que lo pusieran durante siglos en el Index de los libros prohibidos por el Vaticano. Afortunadamente, si bien todavía hoy existen prohibiciones y restricciones, en Chile y otros países del mundo, sobre lo que se puede escribir y publicar, no hay manera de censurar lo que se puede contar con palabras que aparentemente se lleva el aire, pero que pueden calar muy hondo en nuestra mente y nuestra alma. Ya sea en círculos amplios e informados como este que nos convoca, por ejemplo, o en uno más reducido y acaso clandestino, si fuera necesario para que la palabra hablada haga su trabajo de siempre: compartir la confianza, abrir las puertas del corazón para transmitir la identidad, la memoria histórica y cultural de los pueblos, para preparar a los hombres y mujeres, a los niños y las niñas para la vida, para la lectura y abrir un ancho camino de libertad y humanidad en nuestro asolado planeta donde tanto necesitamos de las palabras y los textos que nos unan en un mundo mejor. Un mundo de palabras que cuenten y nos cuenten a todos. Palabras que vayan de mano en mano, en el caso de un libro, y de boca en boca en el caso de una narración oral, pero que en ambos casos sean palabras plenas que se reinventen, que se recreen cada vez que alguien las cuente, como estructuras del pensamiento humano divergente y flexible y así avancen liberadoras, época tras época, sin detenerse jamás, porque una historia que se detiene es una historia que comienza a morir.
A CONTINUACIÓN EL NARRADOR, CARLOS GENOVESE, EJEMPLIFICA CON TRES RELATOS DIFERENTES (UNO BIOGRÁFICO, UN MITO ANCESTRAL LATINOAMERICANO Y UNA HISTORIA URBANA ACTUAL) , ALGUNOS ASPECTOS DE LA TRANSMISIÓN DE ENSEÑANZAS ENTRETENIDAS A LOS JÓVENES A TRAVÉS DE LOS CUENTOS.
martes 12 de mayo de 2009
TALLER DE NARRACIÓN ORAL Y EXPRESIÓN VERBAL... CUENTACUENTOS
El taller es una invitación dirigida a jóvenes y adultos para desarrollar nuestra capacidad de comunicación a través de las palabras. Compartir, descubrir y crear historias que puedan contarse a otros.Este taller es una forma de perder el temor y las inhibiciones para hablarle a otros y enfrentar una audiencia cualquiera. Es también una oportunidad para desarrollar nuestro lenguaje y la capacidad para imaginar y fabular descubriendo nuestro propio “narrador interior”.
Profesror: Carlos Genovese
Actor y narrador oral. Pionero en Chile del arte del Cuentacuentos, desde 1993.
Tallerista nacional e internacional.
Escritor y profesor universitario.
(Ver más antecedentes en: http://carlosgenovese.blogspot.com/ )
Desarrollo del taller
Duración: dos módulos de 4 sesiones c/u, una vez por semana. Cada módulo capacita en un determinado nivel. (Total: 8 sesiones el curso completo).
Día: Martes, de 19:15 a 21:30 hrs.
Valor del Taller: 1er. módulo $30.000.- (Nivel I)
2º módulo $25.000.- (Nivel II)
Inicio del Taller: Martes, 9 de Junio 2009.
Lugar de las clases: “Escuela del Relato”, en el Cerro Bellavista de Valparaíso.
(Muy cerca del ascensor Espíritu Santo).
INFORMACIONES Y MATRÍCULAS
Teléfonos: 32 - 225 88 40 ó 32 - 249 30 94
E-mail: barbacuentos@gmail.com
miércoles 3 de septiembre de 2008
viernes 13 de junio de 2008
CUENTOS DE INVIERNO EN EL "CAFÉ CON LETRAS" DE VALPARAÍSO.
El sábado 5 de Julio, a las 21:30 hr, comienza el ciclo de cuentos de invierno en el Café con Letras del Cerro Concepción, en Valparaíso. Este ciclo incluye historias de todos los tiempos que transportarán al espectador a los más diversos mundos imaginarios del pasado y del presente, en una sucesión de relatos de poco más de una hora de duración llenos de humor, suspenso, emoción y poesía.
El cálido ambiente del Café y los Cuentos, es el más apropiado para entibiar el cuerpo y el espíritu en las frías e incluso lluviosas noches del invierno que comienza. Cabe destacar que esta actividad se realiza desde hace ya dos años y medio, ininterrumpidamente, con el apoyo persistente del público de la región y de Santiago. El ciclo de invierno se extenderá los días 2 de Agosto y 6 de Septiembre, siempre a las 21:30 hr.
Café con Letras
Alte. Montt 316, Cerro Concepción, Valparaíso.
Reservas: 2235480 ó al mail: infocafeconletras@gmail.com
Entrada: $2.000 + consumo mínimo.
El cálido ambiente del Café y los Cuentos, es el más apropiado para entibiar el cuerpo y el espíritu en las frías e incluso lluviosas noches del invierno que comienza. Cabe destacar que esta actividad se realiza desde hace ya dos años y medio, ininterrumpidamente, con el apoyo persistente del público de la región y de Santiago. El ciclo de invierno se extenderá los días 2 de Agosto y 6 de Septiembre, siempre a las 21:30 hr.
Café con Letras
Alte. Montt 316, Cerro Concepción, Valparaíso.
Reservas: 2235480 ó al mail: infocafeconletras@gmail.com
CONTINÚAN LOS CUENTOS NARRADOS EN VIÑA DEL MAR: CAFÉ DOLCE AMARO DE AV. SAN MARTIN.
El miércoles 23 de Julio, a las 19:30 hr., continúan las presentaciones del cuentacuentos Carlos Genovese en el recién inaugurado espacio viñamarino del Café Dolce Amaro de la Avenida San Martín. Una nutrida concurrencia acompañó la primera presentación, hace 15 días atrás, compartiendo gratos momentos de humor, evocaciones y poesía de la vida cotidiana en los relatos del narrador .
El hermoso y temperado Café, recién inaugurado en Diciembre del año pasado, tiene una variada carta gastronómica, su decoración y la calidez de sus dueños, quienes lo atienden personalmente, hacen de él un lugar más que apropiado para el íntimo y acogedor acto de escuchar historias que lleguen al corazón y enriquezcan la imaginación.
Café Dolce Amaro:
Av. San Martín 581 (entre 6 y 7 norte) – Viña del Mar
Reservas: Celular 08-6139610
Entrada: $2.000 + consumo mínimo.
Av. San Martín 581 (entre 6 y 7 norte) – Viña del Mar
Reservas: Celular 08-6139610
Entrada: $2.000 + consumo mínimo.
martes 27 de mayo de 2008
10 AÑOS DE LA CARRERA DE TEATRO EN EL INSTITUTO DUOC-UC DE VIÑA DEL MAR.
(Contando cuentos en la fiesta de aniversario 10 años del DUOC-UC.)
Cumplir 10 años enseñando teatro y formando actores es ya una base interesante para cualquier institución académica. En este tiempo se han decantado algunos procesos, se ha formado un cuerpo docente y existen un par de promociones de alumnos egresados que a su vez le devuelven a su escuela algo de lo aprendido y aportan también lo nuevo. Todo esto lo tiene la carrera de Actuación Teatral del DUOC-UC de Viña del Mar. Y debemos agregar su tremenda ingerencia y participación, como Escuela, en los más diversos procesos, eventos y manifestaciones sociales y culturales de la región. Los alumnos del DUOC están siempre presentes aportando teatro, personajes y dramatizaciones, en todos los ámbitos ciudadanos. El motor de todo esto es su directora: Aliki Constancio, actriz joven y creativa, quien junto a un aplicado y eficaz equipo de colaboradores ha posicionado a su institución como ninguna otra en la zona.
(Con un grupo de alumnas de teatro del DUOC-UC)
Yo imparto clases allí desde el 2007. Un taller de Narración Oral para actores en el primer semestre y otro de Dramaturgia en el segundo. Mi experiencia ha sido del todo satisfactoria y siempre he encontrado eco a cualquier inquietud o sugerencia. El clima laboral es bastante armonioso y la relación con los alumnos también; figuras importantes del teatro nacional entregan su experiencia en sus aulas, lo que nos hace pensar que esta escuela de actores seguirá creciendo, perfeccionándose y entregando su aporte cultural y escénico al país y a la región por varias décadas más. ¡Enhorabuena!
sábado 24 de mayo de 2008
50 AÑOS DEL GRUPO DE TEATRO ICTUS
(Para ver más imágenes pincha sobre éste texto o sobre alguna fotografía)
Durante quince años, entre 1980 y 1994, pertenecí al grupo de teatro independiente más antiguo del país: el ICTUS, que hoy cumple cinco décadas de existencia. Este grupo significó un gran aporte para el teatro nacional: introdujo en Chile a los autores de la vanguardia europea y norteamericana de los años 50-60, hasta entonces desconocidos en el país; desarrolló un método y un estilo particular de actuación realista, muy suelto y coloquial, alejado de las rigideces y ciertos engolamientos vocales y corporales del teatro profesional universitario de la época y llevó a su máxima expresión el método de la creación colectiva de obras con un fuerte tono de denuncia y sátira social ligadas a la contingencia nacional.
En el ICTUS desarrollé labores como actor, dramaturgo, co-director y encargado de prensa del grupo. Me correspondió vivir allí uno de los períodos más oscuros y difíciles en la historia del teatro y del país en general: diez años de los diecisiete del gobierno militar y la compleja transición a la democracia.
Fue, sin embargo, una etapa muy importante en mi vida: significó la consolidación de mi carrera profesional como teatrista y la madurez definitiva como ser humano. Me tocó en suerte, ser parte de la tercera generación del ICTUS, bajo la dirección de Nissim Sharim, Delfina Guzmán y Claudio Di Girólamo; de quienes guardo gratos e importantes recuerdos de los momentos compartidos.
Durante quince años, entre 1980 y 1994, pertenecí al grupo de teatro independiente más antiguo del país: el ICTUS, que hoy cumple cinco décadas de existencia. Este grupo significó un gran aporte para el teatro nacional: introdujo en Chile a los autores de la vanguardia europea y norteamericana de los años 50-60, hasta entonces desconocidos en el país; desarrolló un método y un estilo particular de actuación realista, muy suelto y coloquial, alejado de las rigideces y ciertos engolamientos vocales y corporales del teatro profesional universitario de la época y llevó a su máxima expresión el método de la creación colectiva de obras con un fuerte tono de denuncia y sátira social ligadas a la contingencia nacional.
En el ICTUS desarrollé labores como actor, dramaturgo, co-director y encargado de prensa del grupo. Me correspondió vivir allí uno de los períodos más oscuros y difíciles en la historia del teatro y del país en general: diez años de los diecisiete del gobierno militar y la compleja transición a la democracia.
Fue, sin embargo, una etapa muy importante en mi vida: significó la consolidación de mi carrera profesional como teatrista y la madurez definitiva como ser humano. Me tocó en suerte, ser parte de la tercera generación del ICTUS, bajo la dirección de Nissim Sharim, Delfina Guzmán y Claudio Di Girólamo; de quienes guardo gratos e importantes recuerdos de los momentos compartidos.
Con el grupo pude conocer el mundo. Escenarios de Argentina, Uruguay, Venezuela, Cuba, Estados Unidos, Canadá, España y Francia en inolvidables giras internacionales. En una de las cuales (Festival Iberoamericano de Cádiz, 1992) conocí el arte de la narración oral que con el tiempo se transformaría en mi principal actividad escénica. Conocí también a grandes figuras de la escena y las letras extranjeras, como: Peter Brook, Tadeus Kantor, Arthur Miller, Peter Stein, Mario Vargas Llosa, Manuel Puig, Ignacio Cabrujas, Emilio Carballido, Alfonso Sastre, Osvaldo Dragún, Juan Carlos Gené y Roberto Cossa, entre otros. En Chile tuve el privilegio de trabajar codo a codo con escritores de la talla de Sergio Vodanovic, José Donoso, Carlos Cerda, Marco Antonio de la Parra (entonces una joven promesa) y Jorge Díaz, con quién construí una larga y fructífera amistad. Aparte de numerosos actores nacionales entre los que destaco a Roberto Parada , Ana González , Rubén Sotoconil, Maité Fernández y Héctor Noguera.
Los 50 años del ICTUS son en parte un milagro artístico y también fruto de la pasión y tesón de sus integrantes y directores a través de sus distintas épocas, en un medio como el nuestro donde todo lo cultural es precario y efímero. Lo único que debemos hacer ahora es apoyarlo, asistir a sus estrenos, reconocer su aporte y difundirlo entre los más jóvenes y esperar que cumpla 50 años más con la misma buena salud de su primer medio siglo.
Los 50 años del ICTUS son en parte un milagro artístico y también fruto de la pasión y tesón de sus integrantes y directores a través de sus distintas épocas, en un medio como el nuestro donde todo lo cultural es precario y efímero. Lo único que debemos hacer ahora es apoyarlo, asistir a sus estrenos, reconocer su aporte y difundirlo entre los más jóvenes y esperar que cumpla 50 años más con la misma buena salud de su primer medio siglo.
(NOTA: En el Canal 13 Cable se puede ver una serie de cuatro programas sobre los 50 años de ICTUS, los días sábados a las 22 hr. y los domingos a las 19 hr.)
RECORDANDO A JORGE DIAZ (1934–2007)
En el mes de Marzo del año pasado fallecía, víctima de un cáncer fulminante, el dramaturgo chileno-español Jorge Díaz. El teatro nacional perdía a una de sus voces más destacadas y yo, personalmente, perdía a un gran y entrañable amigo.
(Para ver más imágenes pincha sobre éste texto o sobre alguna fotografía)Nos conocimos trabajando juntos como autores en el teatro ICTUS de Santiago de Chile, en la obra “Pablo Neruda viene volando”, en 1991, y desde entonces forjamos una amistad duradera y también fructífera en el ámbito de la creación teatral. Escribimos en colaboración el “Manual de Teatro Escolar” (Edebé 1994), instrumento de ayuda y orientación para profesores y teatristas, de gran difusión en bibliotecas públicas y de aula de todo el país. Participamos como dramaturgos en varios Espectáculos Navideños Infantiles organizados por la Presidencia de la República, (período de Don Eduardo Frei Ruiz Tagle) en el Estadio Nacional. Juntos realizamos los guiones de una mini-serie de televisión para el canal nacional (TVN): “Estrictamente sentimental”, en 1995, dirigida por el cineasta Gustavo Graeff-Marino. Intentamos la escritura de un guión cinematográfico sobre la epopeya del Winnipeg, el barco con refugiados españoles que Pablo Neruda trajo a Chile durante la guerra civil, proyecto que finalmente no prosperó y que Jorge transformó en texto para una Cantata, varios años después, y que tampoco vio la luz pública (lo que suele ocurrir con algunos buenos proyectos).
Aunque tal vez, lo más significativo, tanto para él como para mí, se desprende del hecho de que durante la década del noventa Jorge Díaz publicó en Chile todos sus libros de relatos, tanto infantiles como para adultos. Se trataba de una nueva veta en su producción literaria, paralela a la dramática donde llegó a sumar más de 100 títulos teatrales. Fueron estos cuentos los que yo rápidamente adapté a la narración oral para transformarlos en parte sustancial del repertorio de mi, recién iniciada (1993) carrera de cuentacuentos, atraído por el contenido lúdico, absurdo y dramático de la mayoría de ellos. De este intercambio surgió una modalidad escénica que desarrollamos hasta poco antes de su deceso, una suerte de performance teatral-narrativa-testimonial. Fue así como empezamos a realizar numerosas conferencias-espectáculo o anti-conferencias sobre la obra de Jorge y su vida como escritor o actos escénicos para el lanzamiento de sus libros y un par de los míos, de teatro o de cuentos. Eran verdaderas perfomances o acciones de arte, ideadas en conjunto, escritas por Díaz y corregidas y aumentadas por mí, donde creábamos una situación dramática ficticia que involucraba al público espectador. Jorge aparecía como el escritor premiado y consagrado, que era, amante del lenguaje y la palabra escrita. Yo, como un advenedizo, un cuentacuentos oportunista que aprovechaba sus textos para hacer mis propias y antojadizas versiones. De los dimes y diretes sobre este tema la situación se iba tensando, pasaba al tema personal y yo comenzaba a difamar al escritor, a contar intimidades y verdades ocultas sobre su vida en Chile y en su auto-exilio español. De paso, él también caía en la bajeza y me contraatacaba con similar artillería verbal.
Aunque tal vez, lo más significativo, tanto para él como para mí, se desprende del hecho de que durante la década del noventa Jorge Díaz publicó en Chile todos sus libros de relatos, tanto infantiles como para adultos. Se trataba de una nueva veta en su producción literaria, paralela a la dramática donde llegó a sumar más de 100 títulos teatrales. Fueron estos cuentos los que yo rápidamente adapté a la narración oral para transformarlos en parte sustancial del repertorio de mi, recién iniciada (1993) carrera de cuentacuentos, atraído por el contenido lúdico, absurdo y dramático de la mayoría de ellos. De este intercambio surgió una modalidad escénica que desarrollamos hasta poco antes de su deceso, una suerte de performance teatral-narrativa-testimonial. Fue así como empezamos a realizar numerosas conferencias-espectáculo o anti-conferencias sobre la obra de Jorge y su vida como escritor o actos escénicos para el lanzamiento de sus libros y un par de los míos, de teatro o de cuentos. Eran verdaderas perfomances o acciones de arte, ideadas en conjunto, escritas por Díaz y corregidas y aumentadas por mí, donde creábamos una situación dramática ficticia que involucraba al público espectador. Jorge aparecía como el escritor premiado y consagrado, que era, amante del lenguaje y la palabra escrita. Yo, como un advenedizo, un cuentacuentos oportunista que aprovechaba sus textos para hacer mis propias y antojadizas versiones. De los dimes y diretes sobre este tema la situación se iba tensando, pasaba al tema personal y yo comenzaba a difamar al escritor, a contar intimidades y verdades ocultas sobre su vida en Chile y en su auto-exilio español. De paso, él también caía en la bajeza y me contraatacaba con similar artillería verbal.
El estilo era el grotesco, con fuerte carga de humor negro, aunque no por ello exento de cierta poesía y belleza en el lenguaje. Yo contaba algunos cuentos de Jorge y juntos actuábamos algunas escenas de sus obras y otras creadas especialemnte para la ocasión. Éramos dos bufones que nos burlábamos, en primer lugar, de nosotros mismos, de la celebridad literaria y artística, de la pompa de ciertos autores consagrados y de la propia obra del dramaturgo; condenada como todo a la desaparición y al olvido. La muerte y la destrucción de la memoria eran temas recurrentes en medio del jolgorio y los chistes crueles. En la última presentación juntos (Casa de América, Madrid, mayo del 2006) el dramaturgo ya se atrevía a contar, él también, un par de cuentos en escena. Y en un texto suyo inédito: Biografía Apócrifa, escrito para una conferencia que diera en Valladolid ese mismo año, él se reconoce abiertamente como un Cuentacuentos. Así de importantes se habían convertido la narración y los relatos en la última década de su vida. No cabe duda que nos habíamos influenciado mutuamente.
A poco más de un año de su partida extraño profundamente al amigo y particularmente al compañero de juegos escénicos, que con más de 70 años y un Premio Nacional sobre sus espaldas (lo que no es poco decir) era capaz de subir a un escenario y desnudarse públicamente como lo haría un niño: sin tapujos, sin falsas vergüenzas, en un saludable y liberador ejercicio de humor, sátira y autocrítica.
Querido amigo, espero que donde estés sigas haciendo lo mismo. Yo, por mi parte, haré lo que pueda aquí con tus relatos, hasta volvernos a encontrar.
Querido amigo, espero que donde estés sigas haciendo lo mismo. Yo, por mi parte, haré lo que pueda aquí con tus relatos, hasta volvernos a encontrar.
CUENTOS DE OTOÑO EN VALPARAISO
Los invito a compartir mis cuentos todos los primeros sábados del mes, en el Café con Letras del Cerro Concepción de Valparaíso. Estamos en el ciclo de otoño que se prolongará hasta el mes de Junio, luego entraremos en el de invierno. (Próxima presentación: sábado 7 de Junio, a las 21:30 hr.). El Café con Letras es un acogedor café-librería ubicado en un cerro patrimonial de la ciudad. Su ambiente cálido y acogedor (con salamandra incluída) hace de las jornadas de cuentos un momento inolvidable. Humor, ternura, poesía, épica y picaresca se dan cita en los relatos tomados de la literatura universal, de la tradición oral chilena y latinoamericana y del propio narrador. Café con Letras: Alte. Montt 316, Cerro Concepción, Valparaíso. Reservas: 32-2235480 ó al mail: infocafeconletras@gmail.com. Entrada: $1.500 + consumo mínimo.
DE UN PADRE CUENTACUENTOS A SUS HIJOS
Un hijo (él o ella) es como un regalo con pies y alas. Llega de repente, sin aviso y te sorprende. No es un regalo cualquiera, es único y exige. Primero le enseñas a caminar, a poner los dos pies sobre la tierra y más tarde tendrá que aprender a volar. Volar es siempre un riesgo. Él y también tú sentirán miedo, aunque sea transitorio. Miedo a que no remonte el vuelo, a que una ráfaga violenta lo aparte de su ruta o miedo de perderlo si se eleva demasiado. Pero está escrito: "el que tiene alas deberá volar".Volará lejos, no lo dudes, estará ausente, lo extrañarás y un día cualquiera, sin aviso, tal como llegó, regresará. Volverá al nido para capear algún crudo invierno, por alguna herida en el ala o quizás para recuperar los antiguos afectos no olvidados. El que lo trajo al mundo estará más viejo, más cansado, más próximo a la tierra, pero el hijo alado y migratorio le traerá otra vez sus nuevas energías, la esperanza y las sorprendentes novedades de otras latitudes: le prestará sus alas. Y entonces, padre e hijo imaginarán juntos un cielo transparente y libre y volarán los dos, contentos y abrazados hacia el cenit, sin salir, siquiera, de las cuatro paredes del living de la casa de los viejos.
lunes 19 de mayo de 2008
DOS MARATONES, DOS PAISES, DOS HISTORIAS, DOS EXPERIENCIAS
(Para ver más imágenes pincha sobre éste texto o sobre alguna fotografía)
En el transcurso de la velada se reparten víveres y bebidas para aguantar hasta el otro día: café, fruta, panecillos. Para los narradores orales españoles la Maratón es la ceremonia del encuentro. Vienen de las distintas regiones de España para verse, escucharse, abrazarse y estar juntos. Todos le regalan un cuento a la jornada y no sólo los contratados para animar la fiesta.Paralelamente a la Maratón se desarrolla el Festival Internacional de Narración, este comenzó más tarde y por lo mismo va recién en su versión número XI. Siete narradores profesionales, seleccionados por los organizadores, de distintos países, cuentan en un cómodo teatro de cámara en el centro de la ciudad. La gente, allí, paga una pequeña entrada y la sala se repleta a razón de tres narradores diarios. En este lugar cada uno presenta un espectáculo de una hora y los colegas acuden en masa para ver-apreciar-evaluar a sus pares. De allí salen los contactos, los enlaces y nuevos contratos hechos por veedores de otros festivales que vienen a esta cita.En la Maratón guadalajareña mandan las mujeres, eso está claro. Su impulsora fue y es una mujer y en el equipo organizativo, si bien existe presencia masculina, son ellas las que se mueven, disponen y ejecutan todo con precisión, resolviendo problemas (como la lluvia, por ejemplo), sin alardes y con exquisita ternura, llegado el caso.
PRIMERA MARATÓN
La primera fue en España, en el mes de Junio del año pasado, la 16ª Maratón de los Cuentos de Guadalajara, una pequeña ciudad de 75.000 habitantes a sólo 30 Km. de la gran Madrid. Una ciudad que los mayores recordarán como el escenario de las peores y más cruentas batallas en los últimos días de la guerra civil española, antes de la caída definitiva de la capital madrileña en manos de las tropas falangistas. Pero que para los jóvenes casi no existiría si no fuera por este evento único, el primero de todos de esta naturaleza en el campo de la narración oral contemporánea: desde la tarde de un Viernes hasta el mediodía del Domingo, centenares de personas de todas las condiciones y edades se ponen a contar historias sin parar nunca, mientras otros, más de un millar, los siguen atentos, relajados, risueños, adormecidos, entumecidos, entusiasmados, etc., pero allí estarán escuchando los antiguos y los nuevos relatos del mundo, también como verdaderos maratonistas del oír.
La de Guadalajara es la verdadera y gran fiesta de la palabra, la ciudad luce embanderada por los cielos y empalabrada por los suelos. La cita es en el patio interior de un hermoso palacio, rodeado de columnas, leones y capiteles. El primer cuento, el inicial, lo cuenta el Alcalde de la ciudad, sin discursos. Luego siguen los niños de todas las edades: solistas, dúos, tríos, grupos corales de colegios, etc. Los padres, tíos y abuelos aplauden chochos en los asientos y los pequeños enfrentan como pueden a ese público incondicional. Es un espectáculo tierno, cómico a ratos, pero siempre interesante. Hay chicos que contaron por primera vez a los 4 años y hoy, ininterrumpidamente, lo hacen desde sus 20 años cumplidos; son los “veteranos” de la Maratón, crecieron con ella y ella les pertenece.Llegan espectadores de todas partes, de ciudades vecinas y lejanas, familias completas y también jóvenes mochileros, estudiantes, que se alojan en el albergue escolar gratuito, especialmente habilitado para ellos. En las madrugadas del sábado y del domingo, después del baile y de las copas, muchos jóvenes se pasan a la Maratón, algunos duermen plácidamente arrullados por los cuentos, otros resisten incólumes.
Mientras vuelan las palabras y los cuentos en el ágora palaciega, el resto de la ciudad y sus espacios públicos tampoco descansan: conferencias, exposiciones, talleres, títeres, espectáculos callejeros. La Palabra Viajera, que hace llegar los cuentos a los que están impedidos de acercarse a ellos. A esto se suma la música, la fotografía y la radio, todo se maratoniza de alguna manera durante esos tres días. Se duerme poco, se come entre cuento y cuento y se bebe a discreción para que la lengua no se enrede al momento de narrar. La atmósfera que se respira es de esfuerzo y felicidad por lo que ocurre, hay energía positiva en el aire y es contagiosa: ningún desmán, casi no se ve a la policía. Así hasta el domingo cuando el Orfeón Municipal cierra la jornada con sones castizos y muchos, narradores y público, bailan pasodobles y jotas en el patio central, mientras otros, los más golosos, nos preparamos para el almuerzo final de despedida y camaradería entre organizadores y cuentacuentos en un hermoso y elegante restorán de la ciudad. El alma y el cuerpo se reúnen para celebrar el ritual de la amistad y del deber cumplido: la Maratón ha terminado, aquí no hay vencidos, todos somos ganadores.
SEGUNDA MARATÓN
La segunda fue toda una sorpresa. De vuelta en Chile, a pocos días del final de Guadalajara, me llama una voz masculina, que habla castellano con marcado acento italiano, para invitarme a la 4ª Maratón de los Cuentos y la Lectura. - ¿Adónde? – pregunto. – En Milano, Italia – me responden. ¡¿…………?! Explico que yo sólo puedo contar en castellano, pero enseguida me aclaran que me vieron narrar en el teatro del Festival de Guadalajara y que me entendieron todo. Bueno, me digo a mí mismo, ellos sabrán, y acepto. Y así es como en el mes de Septiembre de este mismo año, desembarco en el aeropuerto milanés después de 18 horas de vuelo y 24 desde que salí de mi casa en Valparaíso.
La Biblioteca Cívica de la comuna de Cologno Monzese de Milán, con el apoyo de la Dirección de Cultura del Municipio, ha hecho suya la idea de Guadalajara y con la asesoría de estos últimos llegan hoy a la cuarta versión de esta carrera de las palabras. Esta Maratón está dirigida a los vecinos de la comuna, ubicada a tan sólo diez Km. del centro de Milán, y que por tener más de 50.000 habitantes obtiene el título de citá (ciudad). En ella participan jóvenes, adultos y adultos mayores. Su duración se extiende desde la tarde de un sábado hasta la madrugada del domingo. Se realiza bajo techo, en un teatro del municipio con capacidad para 300 personas, en medio de una expresiva escenografía. Los narradores son todos amateurs, gente del lugar, excepto una pareja de excelentes jóvenes actores italianos, la compañía Baule Volante, que interpretan cuentos a dos voces y a dos cuerpos. Los inscritos para contar han ensayado previamente sus cuentos, al menos una vez, bajo la experta mirada del director artístico del certamen, el actor y narrador italiano Roberto Anglisani, quién además oficia de maestro de ceremonias de toda la jornada.
Son cerca de 50 narradores los que participan, destacando el hecho de que todo el personal de la Biblioteca, con su directora a la cabeza, también cuentan, y me sorprenden con una original y hermosa declamación de la “Oda al Libro”, de Pablo Neruda, en versión multilingüe.
Hay pausas para beber y comer una generosa lasaña que se reparte gratuitamente, junto a bebidas y café para espantar el sueño. Por primera vez, en cuatro años, ha sido invitado un narrador extranjero que contará en otro idioma, el castellano. Ese soy yo, que vivo también una experiencia iniciática: contar para un público que no habla mi lengua. Reconozco que estoy nervioso, preocupado por la recepción de la audiencia. Está el antecedente a mi favor de Guadalajara: - Le entendimos todo – Sí, pero - ¿qué habrán entendido? – me pregunto ahora. Además, yo soy el único que contará largo: 45 minutos.
El tema de esta Maratón son los objetos y las cosas de la vida cotidiana, todos los cuentos se refieren a alguna. Mi espectáculo ha sido traducido como: “Cose d’amore an altri deliri” (Cosas del amor y otros delirios). Tomo entonces la precaución de revisar mis relatos y con la ayuda de una reciente amiga española, que vive en Milán, traducimos algunas palabras claves de cada cuento, no más de 3 ó 4, para evitar que se entiendan cosas equivocadas, distintas a las narradas. Y con este pequeño salvavidas o salvacuentos, me lanzo a la piscina de la comunicación oral y gestual, justo a la medianoche. El resultado no deja de sorprenderme, a los pocos minutos, los más de doscientos italianos del público, se ríen, comentan y se emocionan con mis palabras, eso se percibe claramente en el ambiente. Los cuentos han hecho una vez más el milagro o la magia, que es lo mismo, de superar la barrera del idioma. Y entonces recuerdo cuando escuché años atrás en Venezuela a un narrador africano contando en dialecto congolés y haberle entendido su relato. Y a un storyteller inglés que pasó raudo por Viña del Mar, en Chile, y nos contó la historia de Tristán e Isolda con la que me reí y emocioné, aún cuando mi inglés era y es precario.
Resumiendo: resultado de la presentación milanesa: me pidieron más cuentos y estuve contando una hora exacta. A las cinco de la mañana terminó la Maratón, desayunamos todos en el lugar y nos fuimos a acostar. Lo único que faltaba era un almuerzo dominical de despedida, al aire libre, bajo el tibio sol otoñal de Italia, en casa de una de las organizadoras, con una selección inolvidable de delicias gastronómicas italianas caseras, acompañadas de frescos vinos españoles aportados por la delegación de la Biblioteca de Guadalajara. Calidez, preocupación, sensibilidad y simpatía son las palabras que mejor definen a nuestros anfitriones italianos. Al final sólo tenía interrogantes que me rondaban: - ¿Qué pasaría – me preguntaba – si todas las comunas de una ciudad le regalaran a sus habitantes una posibilidad y una fiesta como esta? ¿Cómo se modificarían las relaciones entre las personas? ¿Cómo asumiría cada uno el desafío de contar en público una vez al año? ¿Cuánto contribuiría algo como esto a mejorar nuestra calidad de vida y a revalorizar el entorno cultural del que somos parte, acercándonos a los libros y los relatos? ¿Qué efecto produciría en nuestras conductas cívicas esta cuota anual de ficción y poesía?. Con estas preguntas, tal vez utópicas, en la cabeza, las 18 horas del viaje de regreso me parecieron leves. Había despejado el enigma: los idiomas existen, nadie lo niega, pero la comunicación humana cara a cara, gesto a gesto, energía contra energía, corazón a corazón, es una sola, es la misma, y las palabras, sea cual fuere la lengua, tienen su propia vibración, ese zumbido que las hace traspasar todas las fronteras y ser absolutamente universales. Valparaíso, Mayo 2008
domingo 18 de mayo de 2008
AVALANCHA DE TALLERES EN EL PRIMER SEMESTRE DEL AÑO
Hace mucho tiempo que no dictaba tantos talleres paralelos durante el primer semestre del año, como en éste del 2008. Comenzaron a llegar de repente al concretarse diversos proyectos del año anterior. A los ya habituales de Narración Oral para estudiantes de Actuación Teatral en el DUOC-UC de Viña del Mar y de Guión Cinematográfico para alumnos de la Escuela de Cine y Comunicación de la Universidad Viña del Mar; se sumaron este año tres nuevas oportunidades, cada una con una significación especial.
2) Taller de Cuentacuentos para el Centro de Pedagogía de la Experiencia de Viña del Mar: un centro de adultos mayores que trabajan con niños de jardines infantiles de la JUNJI de la ciudad de Viña. Principalmente mujeres que entregan su experiencia y por lo mismo su memoria individual e histórica a pequeños que de otra manera nunca sabrían como ha sido nuestro país en el pasado: juegos, lugares, historias, juguetes, objetos, etc. Se integraron además a este taller un grupo numeroso de Técnicos en Educación de párvulos, mujeres jóvenes llenas de ganas de aprender a optimizar lo que ya hacen bastante bien: contar y estimular la imaginación de los niños de sus respectivos jardines. (Miércoles de 18 a 19:30 hr.)
1) Taller de Cuentacuentos y Lectura Entretenida para el Centro de Grabación de Ciegos de Viña del Mar: una experiencia inédita al trabajar conjuntamente con videntes y no-videntes en esta notable organización de voluntarios que graban libros en CD para que los ciegos puedan escucharlos. Hace algunos años dicté un taller para discapacitados, lesionados de médula espinal: Cuentacuentos sobre Ruedas, pero no había tenido la experiencia de trabajar con no-videntes. Estos pueden ser grandes contadores de historias, su limitación es sólo visual, pero su voz y su cuerpo pueden llegar a ser muy expresivos al momento de narrar y por su condición misma tienen mucho que contar. (Martes de 18 a 20 hr.) 
2) Taller de Cuentacuentos para el Centro de Pedagogía de la Experiencia de Viña del Mar: un centro de adultos mayores que trabajan con niños de jardines infantiles de la JUNJI de la ciudad de Viña. Principalmente mujeres que entregan su experiencia y por lo mismo su memoria individual e histórica a pequeños que de otra manera nunca sabrían como ha sido nuestro país en el pasado: juegos, lugares, historias, juguetes, objetos, etc. Se integraron además a este taller un grupo numeroso de Técnicos en Educación de párvulos, mujeres jóvenes llenas de ganas de aprender a optimizar lo que ya hacen bastante bien: contar y estimular la imaginación de los niños de sus respectivos jardines. (Miércoles de 18 a 19:30 hr.)
3) Taller de Cuentacuentos y Expresión Oral en el Centro Cultural de Viña del Mar (Palacio Carrasco - Libertad 250):
Organizado por el Depto. de Extensión Cultural de la I. Municipalidad y orientado a personas de organizaciones sociales, profesores, bibliotecarios, actores, actrices, titiriteros, funcionarios municipales, etc., este taller completó rápidamente su cupo con un entusiasta y heterogéneo grupo de personas (25) que cada Lunes de 19 a 20:30 hr., se afanan por aprender el antiguo arte de narrar.
Organizado por el Depto. de Extensión Cultural de la I. Municipalidad y orientado a personas de organizaciones sociales, profesores, bibliotecarios, actores, actrices, titiriteros, funcionarios municipales, etc., este taller completó rápidamente su cupo con un entusiasta y heterogéneo grupo de personas (25) que cada Lunes de 19 a 20:30 hr., se afanan por aprender el antiguo arte de narrar.
(Para ver más fotos pincha acá)
Como pueden ver: ¡hay cuento y narradores para rato en nuestra región!
Como pueden ver: ¡hay cuento y narradores para rato en nuestra región!
NUEVA SALA DE ESPECTACULOS EN VIÑA Y CUENTACUENTOS EN FECHA PRÓXIMA.
El 7 de Mayo se inauguró una nueva sala de espectáculos en Viña del Mar.
Se trata del Anfiteatro de la Casa de la Cultura de Reñaca, en plena Avda. Borgoño, frente al Mc Donalds. Financiada por la Corporación de Adelanto de Reñaca y con presencia de las autoridades locales la inauguración fue todo un éxito con la interpretación del “Gloria” de Vivaldi por orquesta y coro locales.
El próximo espectáculo a presentarse en dicho lugar será una función de Cuentacuentos a mi cargo, el viernes 23 de mayo, a las 21:30 hr. El espectáculo de narración oral se llama: “Amores imposibles, deseos inconfesables y otras verdades”, distintos relatos absurdos, humorísticos, románticos y poéticos sobre el tema del amor en sus diferentes formas. El valor de la entrada es de $2.000 y está recomendado para mayores de 14 años.
Para el segundo semestre del año realizaré en dicho centro cultural un Taller de Cuentacuentos orientado a los vecinos de Reñaca y Viña del Mar. Las matrículas ya están abiertas (teléfono: 2836920).
Se trata del Anfiteatro de la Casa de la Cultura de Reñaca, en plena Avda. Borgoño, frente al Mc Donalds. Financiada por la Corporación de Adelanto de Reñaca y con presencia de las autoridades locales la inauguración fue todo un éxito con la interpretación del “Gloria” de Vivaldi por orquesta y coro locales.
El próximo espectáculo a presentarse en dicho lugar será una función de Cuentacuentos a mi cargo, el viernes 23 de mayo, a las 21:30 hr. El espectáculo de narración oral se llama: “Amores imposibles, deseos inconfesables y otras verdades”, distintos relatos absurdos, humorísticos, románticos y poéticos sobre el tema del amor en sus diferentes formas. El valor de la entrada es de $2.000 y está recomendado para mayores de 14 años.
Para el segundo semestre del año realizaré en dicho centro cultural un Taller de Cuentacuentos orientado a los vecinos de Reñaca y Viña del Mar. Las matrículas ya están abiertas (teléfono: 2836920).
SEMBRANDO CUENTOS EN LA REGION DE COLCHAGUA
(Para ver más imágenes pincha sobre éste texto o sobre alguna fotografía)
Los días 9 y 10 de Mayo conté cuentos por primera vez en la ciudad de San Fernando (VI Región), me aseguraron que nunca antes se había presentado un narrador oral en esa ciudad. Las funciones fueron posibles gracias a los buenos oficios de un médico de la zona, Dr. Alejandro Canelo, quien entusiasmado con la experiencia de escuchar cuentos en el Café con Letras de Valparaíso, quiso replicarla en su ciudad. El lugar de las presentaciones fue un acogedor, muy bien decorado y mejor atendido restorán-pizzería: La Buona Pizza, en pleno centro de la ciudad.
Ambas funciones tuvieron una excelente convocatoria de público y la evaluación final se desprende como muy positiva, por cuanto repetiré mi visita a la ciudad en el mes de Junio, a petición del público y de los organizadores.
Mención aparte requieren los paseos, almuerzos y degustaciones realizados en tres viñas de la localidad: Viu Manent, Santa Cruz y Casa Silva. Parajes de gran belleza, vinos de exquisito bouquet y la amistad de los sanfernandinos hacen de la zona de Colchagua un lugar ideal para seguir contando historias por mucho tiempo más.
Los días 9 y 10 de Mayo conté cuentos por primera vez en la ciudad de San Fernando (VI Región), me aseguraron que nunca antes se había presentado un narrador oral en esa ciudad. Las funciones fueron posibles gracias a los buenos oficios de un médico de la zona, Dr. Alejandro Canelo, quien entusiasmado con la experiencia de escuchar cuentos en el Café con Letras de Valparaíso, quiso replicarla en su ciudad. El lugar de las presentaciones fue un acogedor, muy bien decorado y mejor atendido restorán-pizzería: La Buona Pizza, en pleno centro de la ciudad.
Ambas funciones tuvieron una excelente convocatoria de público y la evaluación final se desprende como muy positiva, por cuanto repetiré mi visita a la ciudad en el mes de Junio, a petición del público y de los organizadores.
Mención aparte requieren los paseos, almuerzos y degustaciones realizados en tres viñas de la localidad: Viu Manent, Santa Cruz y Casa Silva. Parajes de gran belleza, vinos de exquisito bouquet y la amistad de los sanfernandinos hacen de la zona de Colchagua un lugar ideal para seguir contando historias por mucho tiempo más.
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